GACETA
de la
CAPITANÍA
Hoja periódica de avisos, pensamientos y observaciones
para uso de los amigos de la
Capitanía de Chile
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Nota de estilo
Para futuros artículos
Cada entrada puede comenzar con un título breve, una pequeña indicación de fecha o asunto, y luego uno o dos párrafos de desarrollo. No hace falta que todo sea extenso.
Esta página está pensada para crecer hacia abajo, como una gaceta antigua acumulada con el tiempo: sencilla, tipográfica y sin distracciones.
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Algo sobre la situación actual de Chile
Mayo de MMXXVI
Chile parece hoy atrapado entre dos caminos igualmente agotados. Por una parte, una izquierda que continúa creyendo que el Estado puede garantizarlo todo, administrar toda necesidad y redimir por decreto las fracturas de la sociedad, aun cuando la historia moderna no ha dejado de demostrar el empobrecimiento material y espiritual al que conducen esas promesas. Por otra, una derecha neoliberal que insiste en imaginar que la suma de ambiciones individuales, coordinadas únicamente por el mercado, bastará para producir una comunidad sana y un pueblo con sentido.
Muchos dirán que esta discusión pertenece al siglo pasado. Quizá incluso al anterior. Sin embargo, basta observar el estado actual de Chile para advertir que esta dicotomía permanece más viva que nunca. El gobierno actual parece oscilar permanentemente entre ambas impotencias: incapaz de sostener un proyecto verdaderamente orgánico, atrapado entre tecnócratas sin arraigo y consignas morales sin realidad. Mientras tanto, el país continúa descomponiéndose culturalmente, perdiendo cohesión, memoria y propósito común.
El problema profundo es que ninguna de estas visiones posee un fin superior capaz de levantar nuevamente a Chile. Ambas reducen la vida social a mecanismos materiales: unos subordinándolo todo al aparato estatal, otros subordinándolo todo al interés económico. Ninguna comprende que una nación no puede sobrevivir únicamente sobre la administración de recursos o el consumo privado, sino sobre vínculos reales, deberes compartidos y una conciencia civilizatoria.
Debe existir una tercera alternativa. Una donde el Estado no destruya la libertad de los cuerpos sociales, pero tampoco abandone a la comunidad a la pura competencia de individuos aislados. Un orden corporativista y orgánico, donde gremios, municipios, parroquias, sindicatos libres y asociaciones naturales puedan coordinarse bajo un principio superior de bien común. Un orden donde el Estado actúe como articulador de sujetos vivos y no como simple máquina burocrática o administrador del mercado.
Muchos considerarán también antigua esta idea. Pero quizá precisamente por eso vuelve a hacerse necesaria. Nunca se permitió realmente su desarrollo, no por imposibilidad práctica, sino por razones puramente ideológicas. Durante décadas se nos enseñó que sólo existían dos caminos legítimos: el colectivismo estatal o el individualismo liberal. Y sin embargo, ambos parecen hoy incapaces de responder a la crisis espiritual, social y cultural que consume lentamente a Chile.
Tal vez ha llegado la hora de admitir algo más incómodo todavía: que llega la hora de deshacernos de la agotada democracia. Reconocer que no es más que propaganda, administración electoral y disputa de facciones, y que no logró producir ni unidad nacional, ni continuidad histórica, ni elevación humana. Quizá el verdadero desafío del futuro no sea elegir entre izquierda o derecha, sino volver a preguntarnos para qué existe Chile y qué destino común merece realmente ser servido.
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Primer aviso
Publicado en el mes de mayo de MMXXVI
Esta gaceta queda abierta como lugar de apuntes, noticias y meditaciones breves. Su intención no es correr tras la novedad, sino conservar aquello que merece ser recordado.
Aquí podrán reunirse textos sobre historia, costumbres, religión, arquitectura, patria y todo aquello que ayude a pensar nuevamente el destino de Chile.
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